Avances en salud mental

Hasta hace bien poco, yo opinaba como la mayoría, que los psicofármacos suponían un punto de inflexión en los tratamientos, al igual que la psicoeducación familiar. Ahora mismo, me he dado cuenta gracias a un libro que plantea un punto de vista radicalmente diferente, Una nueva Antipsiquiatría, de Carlos Pérez Soto (2012), LOM Ediciones, de que este enfoque es totalmente erróneo. Lo que ha ocurrido es que se han reducido los internamientos, que cuestan caro al erario público, y se ha extendido el malestar de la enfermedad a toda la vida del paciente, convirtiéndolo en un discapacitado durante el resto de su existencia.

El optimismo del primer momento se desvanece tan rápido como comprendemos el pragmatismo de las decisiones tomadas al amparo de la filosofía del máximo ahorro. En efecto, la familia, ya de por sí tocada, se convierte en el ente mantenedor del nuevo discapacitado, esa persona convertida en inútil por la medicación que toma obligatoriamente día tras día, en un intento dudosamente victorioso de evitar males mayores.

Para quienes opinen que la medicación es la panacea, recordar sus innumerables secundarios y su relativamente escasa eficacia incluso frente a los problemas más comunes de la psiquiatría.

Este es un campo en el que la crítica y la disidencia ya brillan por su ausencia.

Las alternativas existen, pero sólo los países más avanzados cuentan con instalaciones para el tratamiento de enfermedades mentales sin fármacos, mediante terapia y vida sana, entre otros.

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